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Discurso Oficial “LXXIII Fiestas del Vino”

Autoridades

Sr. Embajador de Corea

Miembros de la corporación

Hijo predilecto, adoptivos y demás distinguidos, en quienes hoy nos reconocemos todos.

Miembros de los cuerpos de seguridad aquí presentes.

Pastores de las iglesias y credos de este -cada vez más indomable- rebaño.

Invitados e invitadas / valdepeñeras y valdepeñeros.

Sr. Embajador de la Republica de Corea, hoy aquí, entre nosotros.

Si convenimos que el genovés Cristóbal Colón era español cuando (sin saberlo) descubrió América, hemos de asumir que la responsabilidad de que Occidente, durante cinco siglos, haya mirado al Oeste es de España.

No obstante, podemos alegar como eximente que, ni Castilla ni el Genovés la buscaban, sencillamente se la encontraron, camino de una ruta más corta para llegar al Este (que en aquellos tiempos dieron en llamar Oriente).

Bendito sea pues este siglo en el que Occidente se ha dado cuenta que el camino mas corto para llegar al Este es darse la vuelta mirando al lado contrario del que miró.

Sea pues, Señor embajador, bienvenido a Valdepeñas.

Nobleza obliga, saludo agradecido a Álvaro Salvador, poeta que no se sintetiza en un verso, pero que hace del verbo un territorio de encuentro donde brindar por la vida, de la que ha dado fe hoy aquí, levantando una copa de historia y amor.

Querido Álvaro, rememoro como homenaje, tu amistad con otro valdepeñero que sentenció: “La palabra es la primera y la última libertad del hombre, quien trabaja para la palabra, trabaja para darle alas a la libertad”. Francisco Nieva, hizo de tu ciudad la Granda de las mil noches, robándole una al cuento de Oriente, para mantener el arcano de lo ignoto. Se bienvenido y, parafraseándote, corrigiendo uno de tus versos, has de saber que: “Esta ciudad que miras también es la tuya”.

Muchas gracias por compartirnos.

Si no es el destino, será la causalidad sobre la que contradictoriamente disertó no poco José Lezana Lima, la que ha hecho posible que dos hijos de la posguerra tengan hoy aquí asiento y posada, en esta ocasión si, por mor de que el destino le deparó a uno el destierro y al otro la emigración.

Hacemos hijo predilecto de Valdepeñas a Manuel Merlo a quien en recientes fechas, el alcalde de Ceuta me dijo que lo haría hijo adoptivo de su ciudad.

Es Manuel Merlo una persona singular que ha hecho del teatro -la palabra a la que aludiera Nieva- un universo posible donde las fronteras se encuentran careciendo de aduanas y se extienden al sempiterno horizonte de la libertad. Haciendo con ello posible el sueño de Castilla, esto es, que sus fronteras no acabaran al llegar al mar.

Y este es Manuel Merlo, un loco-soñador, hijo de una generación, que llevó La Aguzadera al otro lado del Mediterráneo, sin que por ello perdiera el norte la loca aventura del camino.

Se bienvenido a esta, tu cueva Trascacho, que es Valdepeñas.

Hacemos hijo adoptivo a Mario Jaén, hijo de un destierro, un encuentro y un campo de concentración, que es tanto como decir que es hijo de esta “España camisa blanca de la esperanza / Reseca historia que nos abraza / Con acercarse solo a mirarla.”

Mario no nació ni es hijo de valdepeñeros, sus padres se conocieron en un campo de concentración huyendo de quien “A veces madre y siempre madrastra” les despojó de su identidad.

Pero lo reconocemos hoy, porque a él, como a tantos otros españoles y valdepeñeros, no los tuvo en cuenta la Constitución que firmó al armisticio y sin embargo, sintiéndose dentro de ella, ha sido el alma mater de nuestro hermanamiento con Coñac.

Querido Mario, bienvenido a esta tu tierra cauterizada.

Javier Pérez Aviles es un valdepeñero singular, nació en La Torre de Juan Abad, lugar desde donde Quevedo le hizo saber al Conde-Duque de Olivares, que: “No habría de callar, por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avisase o amenazara miedo.

Fue Javier quien nos hizo saber que, antes de que a Valdepeñas la fundara Doña Berenguela, sin que tengamos pruebas documentales que lo acrediten, en Valdepeñas bien pudo nacer España desde el Cerro de las Cabezas. Y esto si está documentado.

A él le debemos toda la cultura contemporánea que nos preside y que él ha gestionado como jefe de los servicios de Cultura de nuestra Ciudad. Pocas veces, con mejor criterio, Valdepeñas se dotará de hijo adoptivo. Gracias, Javier, por tantas cosas.

La Medalla de oro de la Ciudad de Valdepeñas es la distinción más noble que la Corporación entrega en pos de aquellos que la hacen. ¿Y quién nos ha ennoblecido más que la “Coral Maestro Ibañez” ?, la primera de su nombre, rememorando la épica, y fiduciaria de un apellido que lo ha sido todo en la música de esta ciudad desde principios del s. XX.

En homenaje a cuantos/as fueron durante los más de ochenta años que la presiden, a los que hoy la hacen posible, y a los que con ellos y ellas elevan sus voces al cielo cuando cantan el himno de nuestra Patrona, gracias.

En una entrevista reciente he escuchado a Jesús María Barrajón confesar que, entiende haber recibido la Medalla de las letras Juan Alcaide, por haber sido un destacable estudioso y divulgador de la obra de Francisco Nieva -otra vez Nieva-, pues no, Jesús, no.

En la actualidad de redes y tertulias que nos preside, se cansa uno de tantos oráculos doctores impostando la ignorancia que ellos venden por verdad. Y es de agradecer encontrarse a un ser humano que solo presume de ser alumno.

Es por esto por lo que hoy te reconoce tu ciudad. Y lo hacemos con la medalla que lleva el nombre de quien, un día, le escribió un poema a tu madre que es la responsable de que tu estés aquí. Sirva este reconocimiento como un homenaje, también a ella, a quien rememoro desde la emoción del recuerdo que de ella guardo.

Chema del Fresno es un Valdepeñero del barrio del Lucero, país lejano en otros no tan remotos tiempos si se miraba desde la Plaza de España, porque cruzar la Veguilla antes de que la Veguilla nos pusiera un crespón, era adentrarse en lo ignoto, yo lo sé porque también nací en la otra orilla. Quien quiera entender de lo que estoy hablando que lea: “Tres libros sin amor” de Raúl Carbonell.

Y a pesar de ello, Chema, para proyectar su arte, no buscó como horizonte el orfanato que es Madrid. Ha sido, a pesar de su juventud, desde Valdepeñas, desde donde con su paleta -ha hecho del ocre de nuestras tierras-, un espacio universal de luz. Justo es que hoy le distingamos con la Medalla de las Artes “Gregorio Prieto”.

 

Concedemos la Medalla al Deporte “Caridad Ortega” a Fernando García Santa María, quien no todos los días, siendo un niño, se levantaba con la máquina de dar besos cuando nos veíamos.

Que hay otros mundos, pero están en este, es una obviedad. Que la ignorancia lleva al prejuicio, es un hecho. En el mundo, y en Valdepeñas, hay tantos Fernandos como seres humanos en el mundo son.

Pero no siempre el mundo supo reconocerse en lo que miraba. Yo me felicito, y felicito a sus padres, ser hijos de esta Ciudad, donde Fernando García Santa María ha puesto su nombre y el de Valdepeñas en el pódium de la gloria que es el de la inclusión sin evaluación de las carencias de capacidades que a todos nos preside.

Más de cien años -que se dice pronto- presiden a la panadería Lorca entre nosotros. ¿Díganme si no es motivo de celebración y reconocimiento como Medalla al Mérito Artesanal?

El pan como el vino, no solo es motivo de consagración, es también milagro. Los dos son fiduciarios de la tierra. Y los dos son frutos de las manos que lo siembran y la amasan. Esto lo aprendí de Antonio Gades quien un día me dijo que: “A la tierra no se la golpea, porque entonces, ni suena ni da trigo”.

Mas de un siglo, da para mucho, porque ya reza la sentencia que: “a quien cuece y amasa de todo le pasa”, y le han debido de pasar muchas cosas a la panadería Lorca, la más notable, el milagro de sobrevivir amasando un pan, que en un costal, sigue siendo pan pasados quince días. Gracias.

Un día, en mi despacho, una valdepeñera a la que le acababan de diagnosticar un cáncer de mama, solicitó la ayuda del alcalde porque no sabía a quién acudir ni qué hacer. Llame a la entonces presidenta de ROSAE que, o estaba detrás de la puerta o se transportó como el rayo, y se la llevó a tomar un café.

Pepi ya no está entre nosotros, pero la homenajeo en el recuerdo, pero aquella mujer sigue viviendo. Años después me dio las gracias diciéndome: “ROSAE me ha salvado la vida”. Le había salvado la vida ROSAE, no la medicina (que también), y si, la vida son las caricias que recibes cuando no quedan respuestas.

Justo es hoy, reconocer a ROSAE con la Medalla al servicio desinteresado a la Comunidad. Sois la única medicina en el mundo que no necesita receta. Sois amor.

Termino.

Para la clientela fija a este acto, que lo sois casi todos/as en los últimos veinticuatros años, no escapará a vuestro criterio el giro que he dado este año a mi discurso. En el me mantengo. No caeré en la vanidad, pues vanidad es, de enumeraros los no pocos logros e inversiones que se han materializado en los últimos trescientos sesenta y cinco días. Basten las palabras bíblicas: “El que quiera ver que vea”. Pero aporto un dato que es más de ustedes, pues ustedes son los que trabajan y crean trabajo. No es que el gobierno no lo haga (lo uno y lo otro), aunque para la ocasión no viene al caso.

El dato: Hoy somos 306 ciudadanos/as más que hace un año, crecemos en demografía, en población activa y bajamos medio punto porcentual en el paro: “El que quiera ver que vea” y el que sepa de matemáticas “que eche cuentas”.

Para la ocasión me tomo la libertad de confesarles lo que ha sido mi vida en los últimos veinticuatro años.

En no pocas ocasiones he oído decir que soy “un verso suelto” de mi partido. Nada más lejos de la realidad. Me moriré con mis convicciones. Que he actuado por libre, sí, ¿cómo si no un alcalde puede servir a los suyos? A un alcalde lo vota su pueblo y a mí me vota Valdepeñas. Y Valdepeñas ha sido, es y será, mi único partido.

En los últimos veinticuatro años he superado situaciones personales y emocionales muy complicadas -como cada uno de ustedes- supongo. He sobrevivido a un divorcio, he asistido al sepelio de tres de mis concejales y enterré a mis progenitores, que es la inflexión en la que un ser humano pierde el espejo donde se miraba para adentrarse en el azogue de su futuro.

¿Pero saben una cosa?, y lamento no recordar el autor de la cita, “Quién tiene un porqué para vivir, puede soportar cualquier como”.

En política no hay nada más difícil que la verdad. Porque la verdad siempre coje la escalera y la mentira siempre coje el ascensor.

Yo he sorteado y sigo sorteando muchos “comos”, incluidos aquellos en los que mis opuestos, que no enemigos -ni por tales los tengo-, por cobrarse una vendetta desde la ignorante vanidad, laceran el nombre de la ciudad a mi cuenta. Pero aquí sigo y seguiré estando porque, mi porqué, nunca deja de ser Valdepeñas.

Felices fiestas de La Vendimia y el Vino, sean todos bienvenidos.

Gracias.

Jesús Martín Rodríguez

ALCALDE-PRESIDENTE DE VALDEPEÑAS

Cuatro de septiembre de 2026

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